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Editorial

La holandesa "perdida" en Cuba apareció feliz y contenta

Aurelio Pedroso (La Habana) / 31-07-2018
Anouk van Luijk

Anouk van Luijk

Cuba, si algo está perdido de Holanda, es la mantequilla. Esa sí que no aparece salvo que sea en sueños de alguien de la tercera edad.


El revuelo internacional con la desaparición de la jovencita holandesa Anouk van Luijk, de 19 años, es como para llevar al cine en una tragicomedia pues hasta la Interpol aprovechó la ocasión para darse una vueltecita por La Habana en un caso que me hace recordar cuando alguien le sopló al entonces CESID que el prófugo Luis Roldán había sido avistado bajando un daiquirí cuando en realidad se encontraba por Bangkok.


La muchachita, además, puso en tensión a su propia familia provocando que el padre, Wim van Luijk, sacara boleto urgente a la isla, además de la preocupación y trastornos que ocasionó ante la embajada en La Habana en la persona de su máxima representante, la señora Alexandra Valkenburg. Esto, sin contar la tensión en la policía cubana que le puede costar la cabeza a unos cuantos si un turista se le desaparece en el país.


El último reporte que tuvo la familia fue un mensaje de ella donde indicaba que había extraviado la tarjeta de crédito y que no andaba bien del estómago. Le informaron entonces que acudiera a su embajada, pero nunca lo hizo.


Perdida el 21 de julio, reapareció “feliz y contenta” según su propia familia, cuatro días más tarde. Poco tiempo después, ya en casa, le confesó al diario holandés AD: “No sé por qué armaron tal alboroto”.


Ninguno de los implicados en su búsqueda ha querido dar detalles de cómo fue encontrada y bajo qué techo dormía.


¿Y entonces qué? ¿Secuestrada, perdida en La Habana Vieja o gozando la papeleta como decimos por acá? Como parodia de un caso policial internacional, se pudiera pensar que encontró algún cubanito que la invitó a contar estrellas y que la calmó con que no se preocupara mucho por la pérdida, que aquí en Cuba todo “se resuelve.” Todo, menos esto de la mantequilla que llegaba de su tierra natal.