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Editorial

Cien millones de dólares factura la logística de Obama en Cuba

Aurelio Pedroso / 18-03-2016

Se dice rápido, cien millones según los especialistas, es el coste aproximado de la logística del presidente Barack Obama en su visita a Cuba los días 21 y 22 del mes que corre. Una suma que en gran parte se la lleva su impresionante dispositivo de seguridad tal vez innecesario en un país como este donde en esta su visita número 54 por este convulso mundo no encontrará ni una “multitud” de tres personas gritándole improperios y mucho menos colocarle una bala en la parte occipital de su cabeza.

Pero en temas de seguridad, la mayor enseñanza es prevenir. Si no es así que le pregunten al propio Fidel Castro, cómo es y cómo se maneja el tema luego de tantos atentados frustrados que lo llevaron a los primeros lugares del libro Guinness de los récords.

Un oficial del ejército cubano ya en retiro y dedicado al loable empeño de rentar su vivienda a turistas, me comentaba como botón de muestra que durante la visita del expresidente Jimmy Carter a La Habana en marzo del 2011, efectivos del FBI que lo custodiaban, solicitaron mover unos grados nada más el viejo y obsoleto cañón colonial que anuncia las nueve de la noche desde la fortaleza de San Carlos, en La Cabaña.

Los guardaespaldas conocían que el disparo era una salva y que además, de colocarle una auténtica bala esférica de la época, su alcance era tan limitado que quedaría a mitad de camino del hotel Santa Isabel, donde estaba hospedado Carter. Todo, porque el cañoncito apuntaba hacia la instalación.

Ese “Cadillac One” alias La Bestia, ha causado tanto revuelo como la presencia del mismísimo Obama. Tanto, que si usted sale a la calle y conversa con gente de a pie, las preferencias acerca de qué ver primero están compartidas.

Lo que ha podido conocer la gente acerca de La Bestia más la imaginación popular lo convierten en una verdadera e impresionante fortaleza rodante que marchará orgullosa por las calles habaneras previamente remodeladas como las del primer mundo. Porque eso está también en el choteo tradicional del cubano, que un buen bache de los que tenemos casi con carácter histórico, sería capaz de torcer el más rudo blindaje del coche presidencial y lograr por el impacto que se dispare un mortífero misil salido de un espejo retrovisor.

Ya sobre la losa del aeropuerto local descansa desde hace días un Boeing C-17 con parte de la logística habitual de tales viajes. Ha sido el pionero, la avanzadilla de una verdadera flota de combate que volaría sobre los cielos cubanos y entre los que se destacan el propio Air Force One, varios C-5 Galaxy, cazas de combate F-35 A y un helicóptero Sikorsky SH-3 Sea King tripulado por efectivos de la Marina estadounidense y también con el sobrenombre de “Marine One”.

Vamos, que si no es porque sabemos que se trata de una visita oficial pensaríamos que nos tomarían por asalto hasta las tumbas del cementerio chino habanero.

En tierra ocurre otro tanto. Unos “simpáticos” todoterrenos ruedan desde hace días por la ciudad. Algunos han llegado hasta pensar que se trata de nuevos coches adquiridos para la renta de turistas porque llevan esa matrícula y que son conducidos por fornidos jóvenes pelados a lo militar y con cuellos de búfalos americanos.

Nada, que estas cuestiones de seguridad presidencial, amén del coste a pagar por los contribuyentes, son y serán siempre motivo de curiosidad y asombro al comprobar que una aparente gallina es todo un señor avestruz con una Magnum 357 bajo el ala.

Obvio comentar qué hace y hará la seguridad cubana…